Tienes miedo, lo sé. No lo disfrazas tan bien como crees. Tienes miedo a empezar algo nuevo, miedo a quedarte solo, miedo a que se burlen de ti, miedo a cagarla, miedo a la muerte, y el más cabrón de todos: miedo a vivir de verdad. Lo sé porque yo tengo los mismos miedos. Los he cargado como una mochila de plomo por años. Ya parezco una especie de El Pípila… pero guapo.
En la madrugada, en una noche más en la que no podía dormir, una metáfora me llego como inspiración divina a las tres de la mañana, mientras estaba tirado ahí en mi cama en calzones viendo el techo pensando en porque chingados no puedo dormir. Y esta revelación a cambiado por completo mi forma de ver absolutamente todo. Incluyendo esos miedos que traes cargando tú también.
Story time, cabrones.
Érase una vez un hombre muy particular (yo) que no podía dormir. Cada noche, la misma chingadera. El ruido de la ciudad entrando por la ventana, la luz de la televisión iluminando el cuarto, y mi cabeza dando vueltas como disco rayado. ChidoMagik… quiero lanzarlo, tengo mucho por hacer, tanto por crear… pero algo me frena. Quiero aprender a bailar, pero solo imaginarme en una clase llena de gente, me da una vergüenza que me paraliza. Pienso en las relaciones que se fueron, en las personas que ya no están, en el terror a enamorarme de nuevo solo para volver a sufrir si no funciona.
Todos los días me repetía “mañana empiezo.” “Mañana lanzo el curso”. “Mañana me inscribo a clase”. “Mañana dejo de huir como una pequeña perra”.
Y una madrugada, en esa noche específica, ahí tirado como estrella de mar en calzoncillos, la metáfora se armó sola en mi cabeza como si alguien me hubiera inyectado información divina directamente en mi cerebro:
Esto no es la “vida real” como nos la han vendido. Es una simulación. Un videojuego diseñado. Y tú eres el jugador, no el personaje.
En ese momento, cada miedo que se ha sentido como un freno de mano empezó a cambiar de forma. No a desaparecer, tampoco soy un mentiroso que te va a prometer que los miedos se evaporaron… Pero han dejado de ser muros, y se han convertido en otra cosa.
Se han convertido en los desafíos del juego.
Cómo Funciona El Juego
Imagina este pedo. Llegas al mundo y escoges tu personaje. Tu cuerpo, tu familia, tu ciudad, tus circunstancias, la dificultad y entras al mapa. El diseñador del juego, llámalo, Dios, el Universo, la Fuente, lo que tu quieras. Puso reglas que se sienten completamente sólidas. El tiempo corre, el cuerpo envejece, hay dinero que ganar y perder, hay relaciones que duelen como una patada de mula. Pero todo es código. Código editable.
Cuando duermes, el jugador (el verdadero tú) pausa al personaje y se va un rato, a descansar, a ver a su familia, a hablar con otros jugadores, recargar energías, sabrá Dios lo que a tu ser astral le gusta hacer en su tiempo libre. Algunas noches dormimos poco porque nuestro jugador o alma quiere exprimir cada segundo del juego, otras dormimos más porque se torno aburrido o nos frustramos y nos retiramos a pensar, o simplemente requerimos un break más grande entre partidas.
Y la muerte… la muerte es un game over, no un fin definitivo, simplemente la cagamos y perdimos o llegamos al fin de nuestra historia. El personaje (este cuerpo) se apaga, pero el tú real (tu alma) regresa a casa con todo lo aprendido. El amor que sentiste, los errores que cometiste, las carcajadas, las lágrimas, todo. Y después eliges una partida nueva y comienzas de cero. Otro personaje, otro mapa, pero ahora con más conciencia y experiencia.
El problema es que esta simulación es tan perfecta, tan brutalmente inmersiva, que nos hace olvidar quiénes somos. Nos convence de que somos solo un personaje. Frágil, limitado, vulnerable. Que no existe nada más. Y desde esa ilusión nacen todos los miedos que nos atan como cadenas.
Los Jefes de Nivel: Tus miedos uno por uno.
Vamos a hablar de ellos sin rodeos, con los huevos en la mano. Yo los he enfrentado todos. Y en varios me han dado una paliza. Pero eso es justamente lo que hace buena la historia ¿no? A nadie le importa un personaje que nunca pierde. Lo que nos atrapa es ver al cabrón levantarse después de cada golpe.
El Miedo a Atreverse
Este es mi clásico con ChidoMagik. Pienso en lanzar mis cursos, servicios, productos, y llega el chingado ¿y si no funciona? O la idea de meterme a clases de baile por ejemplo ¿y si me veo ridículo moviéndome cómo tabla en convulsión frente a extraños? En el juego cada cosa es una nueva quest o aventura. Una misión que tu alma eligió para crecer. Y no hay un riesgo real porque el jugador sabe que siempre puede reintentar la partida. Si el negocio no despega a la primera, no es un fracaso cómo tal. Es un aprendizaje, una retroalimentación. Recoges la experiencia, aprendes, e intentas de nuevo ahora con más nivel.
¿Sabes cuántas veces mueres en muchos videojuegos antes de vencer al primer jefe? Chingos. Y nadie dice “soy fracasado perdedor, abandonaré y me iré a casa” Todos dicen lo mismo “mis huevos peludos, como no voy a pasar el primer nivel” y sigues intentando.
El Miedo al Apego
El terror a que alguien se vaya. A perder a un ser querido. A que cambie lo que te da estabilidad. En el juego, las personas importantes nos son ítems u objetos que te pertenecen. Son otros jugadores que se cruzaron en tu mapa por un tiempo. Vienen a compartir una misión, a enseñarte algo, a recibir algo de ti. Y cuando se van, no te abandonan. Solo completaron su capítulo en tu historia.
El apego es el personaje gritando “no me dejes solo, está muy cabrón el juego” Pero el jugador sabe que nunca está solo de verdad. El control siempre está en sus manos. ¿Duele? Sí, como chingados no. Pero el dolor no es tu destrucción, es información. Es el juego diciéndote “Esta experiencia importaba, por eso se siente así.”
El Miedo al Ridículo
Ese que me ha frenado antes de publicar algo muy íntimo, ese que me hace apagar la luz a la hora de la intimidad, o aquel que me ha impedido aprender a bailar en cuarenta años. ¿Qué van a decir? ¿Se van a reír? ¿Espantar? Y aquí esta la verdad verdadera. El ridículo es solo una ilusión. La mayoría de los otros jugadores están tan metidos en su pedo que ni te voltean a ver. Y los que sí te ven, probablemente están lidiando con sus propios miedos.
Para mí, como un jugador de este juego llamado vida, un momento de vergüenza solo es un recuerdo chistoso que me hará decir “jajaja mira, ahí fue cuando me atreví por primera vez.” Es todo.
El Miedo a Morir
Sí algo me ha roto las pelotas en grande, es el trastorno de ansiedad/pánico que he arrastrado por muchos años ya. Mi cuerpo se vuelve loco, la adrenalina corre sin razón alguna, mi mente se freakea porque no sabe que coños está pasando y piensa que se caerá muerto en cualquier momento. Todo aquel que ha enfrentado ataques de pánico sabe lo horrible que es la experiencia. Y llega el punto en el que dices “ni madres, no lo vuelvo a vivir” y empiezas a evitar situaciones que te lo desencadenan.
Y si lo piensas es un miedo completamente estúpido. Nos vamos a morir, es un hecho. Llegará ese game over final y no habrá nada que podamos hacer. Y nos tocará enfrentarlo solos. Es inevitable. ¿Entonces por qué tener miedo? ¿Por qué privarte de experiencias? Si de todos modos va a pasar. Es irracional ¿no? Entonces vive, si tu cuerpo se vuelve loco, una de dos, o te caes muerto y bye, empiezas un juego nuevo. O vives y sigues disfrutando la experiencia.
Y el Jefe Final: El Miedo a Vivir
Me refiero a sentirlo todo. La alegría que quema de placer, el dolor que te derrumba, la incertidumbre, el amor que te consume. El personaje quiere seguridad, estar a salvo y no sufrir. Y el jugador quiere la experiencia. Vivir de verdad es sentirlo todo, sin huir, sin anestesiarse. Y el miedo a eso es, en el fondo, aprehensión a este juego porque olvidaste que hay mucho más allá afuera. Y este miedo es peor que el de la muerte. Porque el miedo a la muerte es estúpido y no importa lo que hagas va a pasar. Pero el miedo a vivir es perderte la experiencia por completo. Perderte todo lo que este juego tiene que ofrecer.
Cuando te das cuenta de todo esto, de la simulación, del juego en el que estas. Entiendes que los riesgos son reales para este personaje, pero estos riesgos no pueden destruir al jugador, al verdadero tú. En ese momento los miedos cambian. Dejan de ser muros para convertirse en invitaciones. Invitaciones a despertar y tomar el control.
La Estrategia Maestra: Cómo Jugar Bien Este Juego.
¿Cuál es la forma correcta de sacarle jugo a esta experiencia? Simple: Deja de jugar en modo supervivencia y pasa a jugar de manera consciente.
Eso significa elegir conscientemente qué historia quieres contar en tu partida. La mía en esta ronda es clara: Construir ChidoMagik, aprender cosas nuevas, aunque piense que me veré ridículo al inicio, conectar profundo con todas las personas que lleguen a mi historia, y disfrutar cada día como una aventura diseñada específicamente para mí.
No se trata de acumular puntos, dinero, likes, estatus ni nada de eso. Esos solo son marcadores secundarios. Lo que importa es cuántas veces sientes, ríes, amas, te sorprendes y te levantas después de una caída.
Se trata de actualizar a tu personaje y subirlo de nivel: Cuidar su cuerpo, su mente, su entorno. Comer bien, ejercitarse, y experimentar. Jugar tanto solo como con amigos. Disfrutar la soledad (ahí escuchas más claro tu voz interior) e invitar a otros cuando quieras compartir la partida.
Pero sobre todo, mantener la conciencia. Varias veces al día me detengo y me pregunto ¿Estoy disfrutando esto o ya me atoré en un bucle que me impide disfrutar el juego? Si la respuesta es la segunda, cambio de rumbo, y recuerdo todo esto. Así de simple, sencillo y sin drama.
Los 10 Hacks o Superpoderes que Hay que Usar Cada Día
No son trucos mágicos ni formulas de coach gringo. Estos deben funcionar como recordatorios que te regresen al centro cuando el personaje olvide donde esta y pierda el control.
1 – Invencibilidad Emocional: Cuando llegue el miedo a la pérdida, cierro los ojos y me digo “Yo soy el que controla este pedo. Nada puede destruirme de verdad” Lo activo cada mañana recordando situaciones donde pensé que no sobreviviría y aquí sigo dando lata.
2 – Punto de Guardado: Ante cualquier error “Esto es un punto de guardado. Registro lo aprendido y reintento con más experiencia” Al final del día el celebro tres cosas que no salieron perfectas, pero me enseñaron algo.
3 – Modo Creativo: Me regalo el tiempo de crear algo preguntándome “¿Qué haría si supiera que puedo construir lo que quiera? Y actuó sin esperar permiso de nadie. Dedico tiempo de cada día a crear algo por el puro gusto, escribir, mover cosas, cocinar algo que nunca he hecho, lo que sea.
4 – Hackear las Creencias Limitantes: Cada vez que noto un pensamiento limitante (“Esto es muy difícil” “No puedo”), lo intercepto y lo cambio por una creencia que me libere (“Si puedo” “Todo es dificil al principio”). No como pensamiento mágico pedorro, más biren como una reprogramación deliberada. Empezando con sosas pequeñas pero siempre subiendo el nivel.
5 – Sin Apego, Entrega Total: Me entrego al 100%, pero mentalmente agrego “Esto es temporal cabrón, y esta chido así. No te enganches.” Disfruto a las personas que llegan a mi historia como si mañana pudieran irse… y justo por eso las valoro más.
6 – Actividades que Nutren: Identifico las actividades que hacen que el tiempo desaparezca, que me llenan. Crear para ChidoMagik, una buena serie, platicar profundamente con alguien, aprender algo nuevo y les dedico un espacio sagrado cada día. Nutrete más de lo que te desgastas.
7 – Conexiones Conscientes: Busco personas que también piensen como yo, que estén despiertos a esta realidad. Y organizo conversaciones donde hablamos de estas cosas, la experiencia colectiva nos empodera.
8 – Pausa de 60 Segundos: Tres veces al día respiro y recuerdo “ Yo soy el que esta jugando, no soy el personaje” Los semáforos en rojo, la espera en el metro, en la fila del super. Todo espacio es conveniente para recordarnos donde estamos y quienes somos.
9 – Multiplica la Experiencia: Al despertar y antes de dormir anoto cinco cosas buenas del día, aunque parezcan insignificantes. Cultivo el asombro: “Qué loco que eso exista” frente a un atardecer, al comer un taco al pastor, al escuchar una canción que me mueva algo.
10 – Consciencia Final: Recuerdo cada día que al terminar esta partida regreso a casa. No desaparezco. Eso le quita peso a la muerte, a la soledad, a “perder el tiempo.” Me hace vivir con urgencia, pero con alegría, no con ansiedad. Al final nada importa. Vive.
Y el bonus que no falla: No te tomes la vida tan en serio. El que diseño este juego tiene un sentido del humor increíble. Ríete de ti mismo. Esa es la fórmula más rápida de subir de nivel.
El Cierre de la Partida (por ahora)
Esta simulación no es cruel. Es el parque de aventuras más avanzado e increíble que existe. Los miedos son niveles diseñados para que despiertes y conquistes el juego. Son los jefes que hacen que la historia valga la pena contarla.
Yo ya agarré mi control. Ya elegí mi partida aquí en CDMX: Construir ChidoMagik, ser El Reverendo en su propia cruzada épica contra el mal. Aunque me tiemble la mano y la nalga, me meteré a clases de baile, aunque nunca sea un puto baryshnikov y más bien parezca tabla poseída al principio. Amaré profundo e intenso como solo yo se hacerlo, aunque me rompan la madre y haga mi drama después, viviré todo lo que este juego, esta vida me ofrezca sin echarme para atrás.
La pregunta que me haré cada mañana será la misma que te dejo a ti:
¿Vas a seguir jugando paralizado por miedos que, vistos desde arriba, no tienen ningún sentido? O ¿Vas a vivir esta partida como la aventura legendaria que siempre quisiste?
Yo ya elegí.
Ahora agarra tu control y deja de jugar en piloto automático. La partida real empieza cuando decides que los golpes no te van a detener, solo harán el juego mas interesante.
