El Precio de Ser un Hombre Emocional.

Vivimos en una época que le ha enseñado o más bien impuesto al hombre que debe “ser emocional”, que llore, que se abra, que exprese sus sentimientos como si eso fuera fortaleza. Qué un verdadero hombre sabe expresar sus emociones. Pero cuando lo hace, el mundo no lo abraza, no lo admira por hacerlo. Todo lo contrario, lo juzga, le pierde el respeto y termina por despreciarlo.

La pareja deja de respetarlo y admirarlo.
Los amigos lo ven débil.
Y su autoridad se diluye.

El hombre emocional termina preso de su propio corazón. Se disculpa por sentir, pide perdón por existir, y mendiga comprensión y afecto en un mundo que solo respeta resultados.

Después de meditarlo toda la mañana, llegué a la conclusión de que la emoción sin control es debilidad. Y la debilidad de un líder se convierte en su perdición.

Aquel hombre que se quiebra ante cada tormenta y lloriquea como una pequeña Mary Ann, no puede guiar ni sus nalgas a cagar. Ese hombre no inspira confianza, inspira asco.

Un hombre debe aprender lo que los verdaderos hombres del pasado sabían: Que su deber no es desbordarse, su deber es saber contener el río. Que su verdadero poder está en ganar sus batallas en silencio. No en llorar como Magdalena por todo lo que se complica o sale mal.

La poderosa piedra no necesita explicar su dureza, la adversidad, la presión y los golpes la pulen. Y solo entonces el mundo la respeta.

El Nuevo Código del Hombre Inquebrantable.

Un hombre jamás será respetado por cuanto siente. Más bien, por cuanto domina lo que siente. La mujer que lo acompaña debe saber que junto a él hay calma en la tormenta, no otro mar agitado por amor del cielo. Su familia debe verlo y pensar: “Carajo, si él está firme, todo saldrá bien.”

Ser el pilar de tu tribu, no se trata de ser un cabrón insensible tampoco. Se trata de saber absorber el caos con temple y sin transmitirlo. Sin lloriquearlo.

Es hablar poco, actuar con precisión y mantener la mirada serena cuando los demás tiemblan. Es proteger, no reaccionar como una delicada flor del campo. Guiar a salvo puerto a su gente en medio de la tempestad. Saber escuchar… y nunca suplicar ser entendido.

Aquel hombre que aprende a dominar sus emociones puede cumplir su misión o permanecer en silencio absoluto sin que nadie adivine el volcán que habita adentro. Es ahí, en el equilibrio, en la fortaleza, donde un hombre se reconoce.

La Era del Guerrero de Piedra.

Ser emocional es fácil.
Ser disciplinado es muy difícil.
Y el mundo ya tiene suficientes “hombres” vacíos llorando y mendigando aprobación.

La era del Guerrero de Piedra está aquí, es ahora. El hombre que actúa sin necesidad de aplausos, el que protege sin victimizarse, el que inspira respeto sin pronunciar una sola palabra.

Un hombre que no reacciona a provocaciones, que no tiene nada que probar… Del hombre que no se derrumba ante el rechazo, porque su valor no depende de nadie. Del hombre que no grita su fuerza, ni la gana destruyendo a otros sin merecerlo. Del hombre que su sola presencia impone orden.

Ese es el hombre que lidera, el que puede amar sin perderse, pelear sin odiar, y ganar sin humillar.

El camino no se abre ante el hombre emocional. El camino es trazado por aquel que sabe dominar sus emociones. Ser emocional es ser esclavo del entorno, ser templado lo convierte en dueño de su propio destino

Y a partir de hoy, ese debe ser tu camino.
No el del hombre emocional, quien es pisoteado por todos.
Será el del guerrero de piedra que sostiene y forja su mundo.